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LGTBI, una mirada para el respeto

publicado a la‎(s)‎ 30 nov. 2012 10:54 por Admin Comuna 10

Por Carlos Ossa
 
Nuestro bello, rico y desigual país, tan proclive a las variables de la hipocresía, radicaliza la sentencia condenatoria contra los abusos sexuales de índole heterosexual. Otro asunto bien distinto cuando el dolo apunta contra los homosexuales. Aquí surge toda la homofobia contenida en el inconsciente colectivo. Y se impone la permisividad entre legisladores y ejecutantes respecto a los infractores contra esta comunidad LGTBI.

La tolerancia, que hace posible la convivencia social, como la supresión del racismo, la aceptación del diferente sexual o ideológico, esta tolerancia también esgrime su contraparte, verbigracia: cruzarse de brazos frente a la emisión radial de propuesta juvenil, donde la procacidad verbal se confunde con la irreverencia o como los depredadores de la alegría de la comuna 8, que suprimieron de tajo la fiesta de las brujitas. De lo que se desprende la necesidad de establecer fronteras definidas entre estas dos conductas.

En el instante en que la comunidad LGBTI decidió agruparse como identidad sexual, también le apostó a lo social, lo cultural y lo político. Esa individualidad que los hace tan vulnerables a conductas homofóbicas y a toda suerte de estigmas, ya como corporación adquieren carné de legalidad. Y comprometen al Estado a que se respete sus derechos y a la sagrada libertad del cuerpo, quizá el más inalienable de los derechos humanos.

La Corporación El Otro, situada en la Avenida Oriental, responde por los postulados de los derechos a la diversidad sexual. Su nombre no podía ser más representativo. Tomado de León Zuleta, líder del movimiento de liberación homosexual. Y un llamado de atención a una sociedad uniforme, de pensamiento homogéneo, que no quiere, que se resiste a mirar al otro como una opción opuesta, distinta a la tradición. Y no por el prurito de ser diferente a la norma establecida, de hecho son diferentes.

La conversación fue con Mario López, representante de la Corporación, un individuo de unos 30 años. Discreto, prevenido con el extraño, apenas el resultado de lo que ha sido una constante para ellos: la mirada de la desconfianza. Mi credencial de cronista de Historias Contadas morigeró este primer efecto. Y hablamos de su situación en la ciudad, del Presupuesto Participativo y de sus objetivos como Corporación.

Frente a lo extenso de la sigla de la comunidad, me fue deletreando cada una de ellas así: Lesbianas, Gay, Transexuales, Travestis, Transformistas, Bisexuales e Intersexo. Y con posibilidades de una imaginería sexual. Su condición de grupo minoritario y discriminado los ha poblado de recursos imaginantes, para ser aceptados por la sociedad sin la ignominia del vituperio y el rechazo. Cartillas pedagógicas, foros y marchas hacen parte de su ideario social y filosófico para acabar con esa impronta ideológica de excluidos.

Cuando abordamos el tema del Presupuesto Participativo merodeamos un rato el asunto. En principio me soltó: “Que la salida, de la Corporación, del Presupuesto Participativo se dio por razones que van desde los francotiradores de grupos de identidad similar, hasta la puja de intereses dentro de la organización del Presupuesto Participativo. “Nos desgastamos inútilmente y no encontramos el apoyo que buscamos y necesitamos. Empezamos con el Presupuesto Participativo en el 2004 hasta el 2011. No sólo nos sentimos menospreciados, sino que los profesionales de nuestro grupo les fue muy mal con la asignación salarial.

De ahí saltamos a lo más indignante para ustedes y esto dijo: “Que no se reconozcan nuestro derechos y el libre derecho a la personalidad”. Avanzamos a su gran aspiración y no se hizo esperar lo evidente: “Que no haya más discriminación, ya que somos personas en igualdad de derechos y deberes”.

Al final del encuentro quise saber qué era un día normal para Mario López y regresó a la desconfianza. Lo asoció con el fuero íntimo. Le aclaré que no era en lo sexual sino en lo laboral y regresó a la normalidad. “Bueno, elaboramos proyectos y los gestionamos”.

Todavía está fresca la capacitación del 25 de octubre en el teatro Porfirio Barba Jacob por parte de la comunidad LGBTI. Fue una jornada académica que versó sobre derechos humanos y derechos sexuales de la comunidad. Esta actividad se realizó con dineros públicos priorizados por los habitantes de la comuna 10 (La Candelaria) con recursos del Presupuesto Participativo. Asistieron alrededor de doscientas personas de un público heterogéneo: funcionarios públicos, docentes, policías y público en general. Con preferencia de las comunas 10 y 13. Hubo cinco ponencias, así: Conceptualización de la comunidad LGTBI. Sobre derechos humanos. A la comunidad de Medellín sobre los derechos políticos, culturales y sociales de la misma comunidad. Las fobias. El transformismo desde la academia. Esto sucedió entre las nueve de la mañana y las 6 p. m.

Posdata: Marco Fidel Ramírez, concejal del PIN en Bogotá, en aras de un protagonismo espurio, tuvo la “brillante” idea de solicitarle al director del canal capital, el periodista Hollman Morris, las hojas de vida de la comunidad LGBTI que laboran en ese medio público. No sólo se pasa por la faja los artículos 13 y 15 de la Constitución, sino que evidencia el grado de atraso conceptual de un servidor público de la supuesta categoría de la capital del país. Si esto sucede con personajes de este rango, qué no diremos de la mayoría anónima de este país.