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Lo agridulce de la Cultura en la Comuna 10

publicado a la‎(s)‎ 30 nov. 2012 11:06 por Admin Comuna 10   [ actualizado el 9 dic. 2012 8:52 ]

Por John Alexander Ruiz 

Las calles del centro a diario atestadas de seres anónimos, cambian por rostros tímidos y curiosos cuando dejan de ser eso. Simplemente, calles con nomenclatura para ir y venir. Por eso las actividades realizadas con recursos del Presupuesto Participativo, que se han realizado, como parte de la Programación Cultural de la Comuna 10 en 2012, son una apuesta por la apropiación de espacios que transforman al individuo para sentir, vibrar y degustar corporalmente el sabor libertad que da la cultura en el espíritu. El mismo que se refleja en las sonrisas o en las miradas de personas expectantes que suelen preguntar: ¿señor, qué evento van a hacer?

Medellín es una ciudad que, en los últimos años, ha hecho una apuesta por sembrar esperanza a través de la Cultura. Precisamente, la Comuna 10 es un punto donde converge lo tradicional y las nuevas tendencias culturales, que se generan desde todos los rincones. Ese asunto lo entienden  los líderes de este territorio quienes, aunque con sobre oferta de trabajo, propia de cada fin de año para tratar de compensar lo que las taquillas no generan, le apuestan, además, a la idea de conservar la vocación de centro cultural y patrimonial de la ciudad, donde se evidencian todos los duelos y problemas propios de  quienes luchan por su supervivencia a diario y de otros que emprenden nuevas aventuras en busca de realizar sus sueños, convencidos de que en el centro, casi todo es posible. Por eso, cuando se habla de la actividad cultural en La Candelaria, no sólo se habla de entretenimiento, sino de actividades pensadas para educar, sensibilizar y formar públicos. “Hermano y quién hizo todo este montaje tan verraco… ¡qué calidad de evento!” Preguntó un comerciante en el 11º Boulevard de Cine.

Eventos como el Día del Pacto Ciudadano les recuerda a esos ciudadanos anónimos que el espacio público es de todos. En lugares como el Parque de Bolívar, representan la oportunidad de atraer a esos personajes que se fueron, para dejarle el espacio a quienes lo han convertido en un festín que se turnan a distintas horas cada día. Sin embargo, todo es distinto cuando empiezan a aparecer turistas o familias  atraídos por los compadres del grupo “Luis Manuel Alma Vallenata”, que además, obtuvo el mejor puntaje en las audiciones para la Programación Cultural de 2011. En otro momento, el Parque será escenario para conmemorar el Día Mundial contra la lucha del VIH/SIDA para exaltar la vida como el bien más preciado. Ese es, precisamente, el primer valor del Plan de Desarrollo Municipal: Medellín un Hogar la Vida, para que no se pierda por falta de conciencia en la forma como la ciudadanía asume la vida. De igual forma, la Fiesta de Adultos Mayores visibiliza a nuestros abuelos y nos recuerda que no son personas a la espera del fin de sus días, sino que tienen otro tiempo y otro ritmo para compartirnos sus experiencias de vida.

También el Parque de San Antonio se reivindica cada año con la Fiesta de los Niños. Esta se celebra cada 31 de octubre y sobre la escultura de dos pájaros: uno destruido por un petardo y otro que repuso el maestro Botero, una multitud de ángeles que, como por arte de magia, brotan de las calles para trinar a cada segundo coros que expresan sus deseos de recibir más abrazos, amor y dulces. Con sus disfraces, se mimetizan con los personajes de las historias fantásticas de un grupo títeres y con un mago, y todos con su presencia hasta el rincón más fétido que perturba cualquier olfato. Pero deben irse. Con la noche comenzará la lujuria de algunos noctámbulos que crean estigmas sobre sitios como San Antonio.

Pero la Fiesta de las Artes Escénicas y el programa Vamos a Teatro también tienen su momento de resurrección. Porque si es gratis, se llenan las salas con un público que prefiere las cortesías y las entradas libres, cuando no hay plata, y cuando la tienen, la necesitan bien sea para lo más vital o para otras diversiones. De modo que estas dos opciones, que  tienen las salas de teatro de la Comuna 10, para atraer al público a veces insensible, a veces escaso, son la oportunidad de cualificar al público, para que entienda el papel que cumple la cultura, que según el Plan de Desarrollo de esta comuna, es transversal. El teatro como espejo que refleja el carácter de nuestras mascaras más cordiales y perversas, y que más allá del entretenimiento, en su esencia, es autocrítica y de conciencia social.

Así mismo, cuando se cierra una calle, como Maracaibo, para convertirla de momento en una sala de Teatro. Posteriormente, en una sala de cine, después en una galería de arte, en salón de lectura y, finalmente, en un gran escenario musical donde la gente baila en mitad de la calle y se sienten liberados del smog. A cambio de los pitos y motores que ensordecen, los más espontáneos se dejan envolver por las percusiones de grupos como Son Batá o Explosión Negra que llega a mostrar sus talentos evolucionados, después de trascender hasta los Grammy con giras internacionales.

En contraste, los integrantes del grupo de Hip Hop Jehico son capaces de presentarse en tarima, a pesar del luto de uno de sus integrantes, asesinado la noche anterior aunque sus voces se quiebren. Pero la resistencia les alcanza hasta para cantar con lágrimas en el rostro y para alzar sus voces en contra de la violencia que asfixia en la Comuna 13. Eso es posible, antes del cierre con  el grupo Cipriano, que pone al público a bailar son cubano hasta la media noche, mientras el escenario se ilumina con el verde, el rojo y el naranja del semáforo de Maracaibo con Girardot. Son los contrastes del Boulevard de Cine, que propicia un encuentro multicultural cada año y que en 2012 escogió, como tema, el género de ficción, en una ciudad donde la realidad parece de película y los sueños de artistas: verdaderas utopías. Es el sabor de la cultura que es un tanto agridulce, cuando se le contesta al espectador: “Este evento lo hicimos varias organizaciones, con dineros públicos del Presupuesto Participativo. Pero no sabemos si se va a realizar, en el 2013, porque este año la gente no votó por las iniciativas de cultura”.

Pero como al espectador no se le cuenta lo que pasa, detrás del telón, sólo queda resistir ante la indiferencia, la violencia y las necesidades no atendidas de grupos vulnerables que son envueltos por la demagogia que algunos profesan, para frenar procesos culturales. Y si a eso se suma la lucha continua por ejecutar, en tiempo record, proyectos y actividades apadrinadas por Presupuesto Participativo, la premura y la burocracia dejan un sabor agridulce sin derecho a hacer la más mínima escaramuza en el escenario, porque, para qué preocupar el público. Es sonreír para no cerrar los ojos con el agrio de los resultados de las votaciones en las pasadas Asambleas Barriales que dejan una cultura borrada para el 2013. Porque mientras la ciudadanía tenga la opción de votar, por iniciativas de innovación y cultura, al lado de iniciativas sobre necesidades apremiantes de alimentación, de la salud o de la educación, difícilmente, podremos cualificar al sujeto y transformar  los espacios. Un agridulce que no es propio de la Cultura y que el público suaviza con lluvias de aplausos o con las palabras de una vecina del Parque del Periodista: “En todo caso, procuren no hacer ruido hasta muy tarde. 

Porque la mayoría de residentes del sector, somos adultos mayores. Pero los felicito, porque me parece muy bonito lo que están haciendo y qué tan bueno que hicieran esto más seguido… vean, yo soy una que, en la noche, no me gusta salir por acá. Pero ahora me doy una pasadita, así sea sola o, por lo menos, los acompaño desde el balcón. ¡Muy amables, gracias!