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Mauricio Londoño: Un silletero que hoy es rector (Por Carlos E. López C.)

publicado a la‎(s)‎ 5 ago. 2014 17:48 por Admin Comuna 10   [ actualizado el 19 oct. 2014 13:48 ]
  
Mauricio Londoño en el lanzamiento de la Feria de las Flores 2014, en el Pueblito Paisa. Foto: Carlosé

Mauricio Londoño siempre ha vivido en la vereda Barro Blanco, de Santa Elena. Desde su infancia vive orgulloso de ser campesino. Hoy sigue aferrado a la montaña desde un colegio, colgado de un barranco, en el barrio Manrique. Como rector, espera de la Alcaldía más atención a la Institución Educativa Las Nieves, problema que lo trasnocha más que la silleta con la que participará este año. Y como silletero, pide que no olviden a Santa Elena el resto del año. Él fue el ganador absoluto  en el Desfile de Silleteros del año anterior, 2013. 

INFANCIA
Nació el 24 de diciembre de 1977, en una situación como traída de la leyenda del bosque. Así nos cuenta: “Cuando mi mamá estaba en embarazo, vivía en la vereda San Miguel. Salían hacia la parte urbana de Medellín a vender productos agrícolas. Ese día, cuando llegaron a la Asomadera, siguieron por el desvío, por la quebrada. Llegaron a la tienda de Parra, donde yo nací. Si no cogen ese camino, yo nazco en la calle, en el campo.”

Con su nacimiento, pasó su familia a vivir a la vereda Barro Blanco, donde estudió en el Jardín Infantil Caras Alegres. Tuvo un comportamiento difícil –dice él mismo– porque peleaba con sus compañeros. A los 4 años lo llevaron al Centro Educativo Juan Andrés Patiño, donde la profesora Hilda, para ver si lo “domaba”. En esa época, era indisciplinado. Hoy se llamaría hiperactivo.
Entre los refranes que hacen parte de nuestras costumbres antioqueñas, existe uno que dice: “Recordar es vivir”. Estos dos verbos los practica Mauricio Londoño cuando le preguntamos más detalles de su infancia. Devuelve el video del pasado y dice:

“En mi niñez, la economía de Santa Elena era básicamente agrícola y forestal. Desde niño me dediqué a la extracción de musgo, sarro, tierra, leña y carbón de leña. Recuerdo, siendo niño, ir en diciembre al monte para buscar musgo para la elaboración de pesebres y lo llevaba en el cargador, donde hoy se carga la silleta. Desde niño aprendí la técnica para cargar una silleta, algo que nunca se olvida. Bajaba hasta La Rosita y de allí llevaba el carbón de leñas hasta mi casa. Cultivamos productos de pancoger, pero no a gran escala: papa, maíz, mostaza, frijol y flores. Aprendí a sembrar flor clavellina (clavel pequeño), estrella de Belén y “extatis”. Cuando bajábamos a Medellín, uno se levantaba a las doce y media para salir a la una de la mañana, para alcanzar el transporte, la jaula de Nacho o la jaula de Juan. Yo, siendo muy niño, recuerdo a mi papá elaborar el armazón, la estructura en madera de la silleta. Y yo quería también hacer la mía. Mis padres siempre han participado en el desfile de silleteros con la silleta tradicional. Cuando llegaban del desfile, los traídos eran cosas casi imposibles de conseguir al vivir arriba en Santa Elena: ollas, fogones, pocillos, y no podía faltar el pollo asado y dos chocolatinas para repartir para ocho hermanos. Uno no veía la hora de que llegara el 7 de agosto para comer pollo asado. Siempre que lo cuento, se me hace un taco en la garganta” (lágrimas).

Con esta silleta fue ganador absoluto en 2013.

SILLETERO

Mauricio, ya crecido, domado y preparado para domar una silleta –como si fuera una yegua– hermosa y colorida, pero pesada con muchos kilos de flores, hace su primera aparición en el Desfile de Silleteros cuando cumplió los 18 años. Fue con una silleta tradicional, que era la costumbre de su padre. En ese entonces, el desfile iniciaba en la Avenida Oriental y terminaba en el estadio. Su papá, decide darle el derecho de participar. Pero eran otros tiempos, cuando la moda de ingerir licor sobrepasaba la tradición antioqueña.


Entonces Mauricio expresa: 

“Cuento esta anécdota con algo de vergüenza. En la noche previa al desfile era momentos de mucho licor. Yo desfilaba casi borracho. Se asociaba el licor con aguantar el desfile, uno quedaba anestesiado. Hasta que la misma Secretaría de Cultura, a través de Turismo tuvo que reglamentar y se dejó estipulado que se le puede hacer la prueba de alcoholemia y si resulta positivo se le puede cancelar el contrato”. 

Entonces cuenta otra anécdota, con cierta vergüenza, de la silleta identificada con una victoria y que no la encontraba, en la Av. Oriental, porque estaba muy embriagado. Todo lo cuenta como parte de un pasado que ya no se repite.

En 2000, fue el último año en que Mauricio participó con la silleta tradicional. En 2001 llevó una silleta emblemática, cuando Colombia fue campeón de la Copa América. Ese año quedó de finalista con la frase en la silleta: “Todos miraban al gigante sin saber que éramos superiores”. A partir de ese año, siempre ha quedado de finalista en el desfile. En el año 2013 fue el ganador absoluto, que es la máxima distinción.

“Ser silletero ganador justifica, porque además de recibir el estímulo (los cinco primeros) se tiene la oportunidad de viajar a nivel nacional o internacional, representando al silletero y al campesino” –dice Mauricio con tono de ánimo, como preparando la idea para su silleta del presente año–.

En cuanto a los cambios que han existido en el cultivo de la flor, asegura que: “La flor que se cultivaba en Santa Elena era descolorida. La que se cultiva en invernadero es de color más intenso. Los mismos nombres tradicionales han cambiado y ahora tenemos nombres comerciales”.

LA SITUACIÓN DEL CAMPESINADO
No podríamos dejar pasar la amena conversación con un silletero rector, contador de historias, y con una gran visión del campo y del mundo, sin antes hacerle dos preguntas. Así terminó nuestro diálogo:
–¿Cómo ve la situación del campesinado en Medellín y Colombia?
–“Siento que somos la reina de la fiesta, de la noche, en la Feria de las Flores. Durante el resto del año, nosotros como corregimiento (Santa Elena) somos muy olvidados. Quienes vivimos en la vereda Barro Blanco, lo decimos en forma jocosa “Se acuerdan de hacerle reparcheo a la vía, solo en la Feria. Y hace dos años ni siquiera lo han hecho”. Se han hecho adelantos en la educación a través del Presupuesto Participativo. Se hizo en estos días mejoramiento de vivienda, pero no sólo debería ser dinero de Presupuesto Participativo. Pero no se ven programas de la Umata, que es la entidad que tiene que ver con el floricultor. Santa Elena, se ha vuelto turística y se ha perdido la vocación agropecuaria. Ha tenido aspectos negativos. Se han perdido las costumbres, muchas familias han dejado de cultivar...

(Leer entrevista completa en edición impresa de la Revista Historias Contadas No. 92)