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Que el país se convierta en una celebración futbolística

publicado a la‎(s)‎ 1 jul. 2014 13:45 por Admin Comuna 10   [ actualizado el 19 oct. 2014 13:57 ]

Dos hechos significativos e históricos ocurrieron el pasado 14 y 15 de junio en el país. El sábado 14, después de 16 años sin participar en un Mundial de Fútbol, Colombia goleó 3-0 a la selección de Grecia. Y el domingo 15, en la segunda vuelta, se reeligió a Juan Manuel Santos como presidente de los colombianos para los próximos 4 años. Fútbol y política, dos temas que en muchas ocasiones se vuelven prohibidos por la violencia que puede generar, pero que en este caso es urgente que nos cubra con la misma bandera tricolor para el mismo fin: lograr la paz que durante tantas décadas ha cobrado miles de víctimas inocentes. 

Ese sábado del partido del mundial, el 70% de los peatones, en el centro de Medellín, tenían puesta la camiseta amarilla de la selección Colombia. La gente celebraba, sonreía, cantaba y ondeaba la bandera, orgullosos de ser colombianos. Todo lo contrario a esto, ha sido la historia política del país, veamos:

En la guerra de los Mil Días, entre finales del siglo XIX e inicios del XX, fueron colombianos quienes se mataron entre ellos mismos. En la violencia de conservadores contra liberales (desde antes y después de la muerte de Gaitán) fueron colombianos pobres quienes se exterminaron defendiendo una bandera roja o azul. En las guerras internas del narcotráfico, muchos compatriotas inocentes murieron. Las masacres realizadas por guerrilleros, paramilitares,  ejército  (con sus falsos positivos)  y  la delincuencia 

común, no ha sido otra cosa que enfrentamientos entre colombianos, campesinos pobres, con fuego atizado por los altos mandos y por los politiqueros con poder económico. Ni qué decir de la corrupción y la “parapolítica” que con su sed de poder han dejado viudas y huérfanos en las ciudades y en los campos del país.

Lo ocurrido en las votaciones es la respuesta de la mayoría de los colombianos resumida en palabras de Gandhi, defensor de los derechos humanos y activista por la paz de la humanidad, quien dijo: “Con el puño cerrado no se puede intercambiar un apretón de manos”.

Llegó la hora de ponernos la camiseta con los mismos colores de la bandera y cantar los ideales: justicia social, respeto a los derechos humanos, por la vida, por la victoria y por la paz. “Que se levanten todas las banderas cuando el cantor se plante con su grito”: ¡Colombia, Colombia Colombia! “Que mil guitarras desangren en la noche, una inmortal canción al infinito”.

Las anteriores son palabras de una canción, con letra y música de Horacio Guaraní, que además dice: “Si se calla el cantor calla la vida, porque la vida, la vida misma es todo un canto. Si se calla el cantor, muere de espanto la esperanza, la luz y la alegría. Si se calla el cantor se quedan solos los humildes gorriones de los diarios, los obreros del puerto se persignan, quien habrá de luchar por su salario. Qué ha de ser de la vida si el que canta no levanta su voz en las tribunas por el que sufre, por el que no hay ninguna razón que lo condene a andar sin manta. Si se calla el cantor muere la rosa. De qué sirve la rosa sin el canto. Debe el canto ser luz sobre los campos iluminando siempre a los de abajo. Que no calle el cantor porque el silencio cobarde apaña la maldad que oprime, no saben los cantores de agachada, no callaran jamás de frente al crimen”.

Llegó la época en que, en pro de la paz, el país se convierta en una celebración futbolística.