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Yarumal, un pueblo indolente

publicado a la‎(s)‎ 2 abr. 2013 9:52 por Admin Comuna 10
Yarumal, el pueblo del Alzheimer, así llamó a este municipio del Norte de Antioquia el escritor Héctor Abad Faciolince en una crónica publicada en la revista SOHO en 2010. Y con toda razón, por la alta incidencia de esta enfermedad degenerativa en esa población y en otras de la región. Ahora abría que llamarlo, Yarumal, un pueblo indolente.
El Alzheimer, es la enfermedad del olvido, porque quienes la padecen se olvidan de todo. Pero eso no es lo triste, lo más triste es que se nos olvidemos de ellos.
Allá en esa falda salpicada de yarumos, donde los mayores labraron un caserío a semejanza de un retablo. Allá donde un poeta loco hizo de su canto a la libertad un himno, un cura de su vida una santidad y un artista de su pincel un arte, hoy es un verdadero pueblo de Alzheimer, olvida la desgracia de sus hijos.
Por tener linderos con bosques frondosos, los antiguos pobladores llamaron ese sector de Yarumal La Boca del Monte. Allá, donde tanto escasean los terrenos llanos, hay un plan. En ese plan hay una casa verde que se derrumba a pedazos desde hace muchos años, ante la mirada impávida de los yarumaleños.
Dentro de esa casa viven personas, sobre ellas constantemente caen pedazos de techos y paredes. Pero no sólo los atormenta los escombros, la pobreza y la indiferencia de todo un pueblo, sino que el cáncer arruina sus entrañas y el Alzheimer sus cerebros.
El padre de los Pineda Sánchez padeció la mutación paisa y a avanzada edad murió demente. Ahora tres miembros de la familia sufren la enfermedad de manera precoz. La violencia y el lupus también la han desgranado.
Después de tocar muchas puertas en este pueblo del olvido, poco o nada ha recibido esta familia. Las autoridades civiles, religiosas, las intituciones así como las gentes pudientes, ignoran de manera olímpica la situación.
Sólo Campamento, un municipio vecino, acogió en su asilo a una mujer con Alzheimer de esta necesitada familia. Pero luego en anticristiana actitud la despidió y le cerró las puertas de su asilo.
¡Oh anticaridad que apestas las montañas de mi tierra
Dejas que expiren tus hijos en dolorosa indiferencia!